lunes, 22 de febrero de 2016

Palabras Encadenadas II

Vivir del amor amor no quita ni resucita alma viva que vive y muere muere de alegría que de alegría nace y vive vive de la vida que le da la vida de su amado amado que a su lado camina camina mientras piensa vive ríe y crece crece con alegria de un buen porvenir de sagrada majestuosidad y simplista alegría que del amor amor no quita ni resucita alma viva muere muere de alegría del amor vive vive y eternamente muere.

lunes, 15 de febrero de 2016

Palabras Encadenadas I

Despierto y miro oscuro entorno bañado suavemente por una fría luz matinal despierto y miro venenosa habitación y prisión para el pensamiento futilidad de días fríos de invierno paralizados en mi recuerdos acostados y alejados en lo más profundo de mi pensamiento que en mis pequeñas neuronas suaves y ocultos en algún cajón del gran cerebro inteligente que me mantiene vivo se esconden.

jueves, 11 de febrero de 2016

Laboratorio de Creación Literaria.

Tras una larga temporada sin escribir, voy a retomar un poco donde lo deje. A seguir descubriendo el lenguaje y las palabras, experimentando con ellas, recreando lo mas oscuro del ser y lo mas irreal de la creación. Todo a modo de pequeño laboratorio de creación literaria.

Como siempre, me gusta despojar a las palabras de su sentido y significado mezclandolas para enfatizar el sentido trágico de lo escrito.

martes, 14 de abril de 2015

El Valle. XV (Final)

El calido sol de la mañana empezaba a dejarse ver y entraba por los viejos ventanales. Habían pasado ya diez horas desde que mate a mi novio, su cuerpo empezaba a despedir cierto hedor y a hincharse. El sol hacia ver un cierto efecto de luces y sobras sobre los objetos y el cuerpo inerte que se encontraba a la altura de la puerta de mi estancia. No dejaba de contemplarlo y de pensar en lo que había hecho. Estaba, buscando dentro de mí una sola pizca de culpabilidad, pero no la encontraba. No me arrepentía y mentalmente lo recreaba una y otra vez. No dejaba de darle vueltas y que quería repetirlo. Estuve allí, inmóvil durante horas, el sol ya empezaba a caer por el horizonte, un precioso atardecer. En ese momento, me dirigí y al baño. Me quite la ropa y me di una ducha. Acto seguido me seque y me dirigí a mi cuarto para vestirme. Abrí el armario, era un armario antiguo, con ciertos indicios de polillas y la madera algo quebradiza ya. Pero tenía unas hermosas tallas. Cogí un pantalón azul marino y una camisa a cuadros de tonos rojos y granates. Me calcé unos zapatos negros y salí a dar un paseo por la ciudad. Cuando salí era ya de noche. Cogí el paseo de las arboledas. Los árboles tapaban las farolas y solo quedaba una luz indirecta, tenue, que cubría todo con un fino manto de misterio. Con cierto sigilo me quede entre los árboles, esperando a que pasara la perfecta victima, vi a lo lejos la figura de una joven. Alto, muy delgado. Según se acercaba mas atractivo me parecía. Salte sobre el, para inmovilizarlo y comencé ha estrangularlo. Apenas podía gritar, sus rasgos se me mostraron más claros. Tenía los ojos azules, como una limpia mañana estival. El pelo de un tono cobrizo y de tez morena. Tenía un pequeño lunar hacia el pómulo derecho. Por fin cedió y quedo su cuerpo inerte y sin vida en la acera del pasea de las arboledas, no pude contener el deseo de besar esos preciosos labios. Acto seguido me fui en busca de la siguiente victima. No sin antes ocultar el cuerpo sin vida.

Salí del paseo de las Arboledas, para el que no lo conozca bien, de noche puede ser un poco laberíntico y me dirigí al este de la ciudad. Era la zona más próxima al río. Eran ya cerca de las doce de la noche. No aullaba ni un alma en los lindes del río. Me senté en un banco para poder escuchar el murmullo del agua. Que detenido se encuentra ahora mismo el tiempo. Casi puedo sentirlo pararse a mi alrededor y detenerse por un instante. Miro el reflejo de la luna sobre las aguas del río. Como la distorsionan y embellecen. Oigo un suave taconeo. Era una mujer de fina apariencia. Vestía elegante. Un vestido de encaje con volantes. Parecía venida de una de estas galas que se celebraban en el gran teatro de la Opera de mi ciudad. Recuerdo haber asistido en más de una ocasión años atrás. Aunque a mi me parece tan lejano como una vida pasada. Cuando paso a mi lado me levante. La agarre y la puse una mano en la boca de tal manera que tapara también la nariz. Apreté hasta que perdió el conocimiento. Cargue su cuerpo y con sigilo la lleve hasta una caseta que sabia estaba abandonada a escasos kilómetros de allí.

Estaba todo muy oscuro, el murmullo de grillos y el correteo de las aguas del río hacían de banda sonora a lo que se sumaba el desaforado latido de mi corazón. Llegue a la cuestecita de grijo que iba hacia la caseta. Estaba todo tan hostil. Debían de ser ya las dos o las tres de la madrugada. Entre en la cabaña y amordace a mi victima en una de las viejas vigas de madera un tanto podrida. Cuando vi el resto de la chica aprecie unas arrugas y una contenida expresión que la situaba entorno a los cuarenta años. Busque un objeto cortante y desgarre su vestido. Nunca me agrado ver una mujer desnuda. Era grotesco. Una abominación. Por que estos seres tan impíos existen a parte de para perpetuar la especie a la que he de pertenecer. Especie que destruye y que es como un cáncer para este bello paraje de vida y paraíso perdido en el cosmos. La degollé el cuello y allí la deje, desangrándose. Salí de la caseta y fui al norte, lo mas al norte que pude hasta el pueblo mas cercano. Llegue a un viejo camino de asfalto, ya muy cuarteado y sin mantenimiento que se abre desde la entrada del último chalet del pueblo hacia la espesura del monte. El camino, tras una pronunciada cuesta termina en una pequeña finca particular de construcción muy reciente. A un poco más de la mitad se encuentra a la derecha, una vieja socarreña, propiedad de un anciano agricultor dueño del chalet que antes mencione, y que poseía un importante número de acres de monte. Subí por aquel camino de asfalto hasta un poco mas de la mida. A mi derecha, un pequeño puentecillo de piedra y argamasa en un estado muy aceptable. Y al otro lado del mismo puente, había una fuente y unos bancos de piedra. Me senté un rato en aquellos bancos de piedra y me tumbe. Miraba las altas y gruesas ramas de los robles y de fondo el murmullo del regato. Mire la socarreña. Era bastante amplia y había herramientas. Pensé, era un buen lugar para descuartizar un cuerpo. No se por que, pero es lo primero que pensé. ¿Qué me podía impulsar a pensar en sesgar otra vida? No se la respuesta, es posible que… me haya convertido en un sanguinario asesino. Es posible que haya perdido mi humanidad y la cordura. Solo puedo pensar en matar y en el intenso placer, cercano al orgasmo que me produce tales actos. Pensé, era un lugar apartado y silencioso.

Tras unas semanas paseando de diario por allí pude observar como el anciano ya no iba a la socarreña ni laboraba la tierra. Estaba cojo y muy impedido. Deducí rápidamente que padecía problemas de cadera. Lo cual me dejaba un margen muy amplio para usar ese espacio sin que el supiera de ello. Escale por uno de los laterales mas bajos y me colé allí para ver como era. Tenia como dos niveles. Abajo, que es donde me encontraba había apilada mucha madera para el invierno. Había una mesa grande y desvencijada y había también hachas y cuchillos. En el nivel superior al que se podía acceder por una rudimentaria escalera tallada en la misma tierra había un montón de chatarra apilada durante años. Había viejas bicicletas, también había cacerolas y menaje de cocina oxidado junto con redes y cosas de pesca… había también un viejo frigorífico, idóneo para esconder un cuerpo.

En lo mas alto y apartado del pueblo, al final de aquel viejo camino de asfalto. Había una casa de construcción muy reciente. Me mofe ante la falta de medidas de seguridad. Pude espiar y pronto me di cuenta que vivía una pareja. Era joven, tendrían menos de cuarenta años. Decidí actuar por la noche, colarme en la casa y matar a ambos en un descuido. Primero, mate al chico. Por detrás, ni me vio. Era muy delgado y muy pusilánime. Nada atractivo para mi gusto. Entre en la casa y busque el dormitorio. La mujer grito. Fui donde ella y la inmovilicé. Decidí estrangularla. Tenia el pelo muy largo, de un tono cobre, facciones delicadas y también muy delgada. Cuando dejo de luchar por su miserable vida la cargué a la espalda y la baje hasta la socarreña. Volví ha subir a la casa para borrar mis huellas y deshacerme del cuerpo del novio. Busque el pozo negro. Lo abrí y tire allí su cuerpo, una vez sellado el pozo nadie olería su cuerpo en descomposición. Volví a la socarreña. Encendí velas, y me dispuse en primer lugar separe la cabeza del cuerpo. Me llevo media hora de reloj. Las demás partes del cuerpo fueron muy fáciles de extirpar. Lo metí todo en el viejo frigorífico. Limpie un poco y me fui de allí. Volví a mi casa con la idea de suicidarme. Pero cuando llegue la policía estaba allí esperando. Corrí despavorido en otra dirección. Iban armados y me dije, prefiero que me maten a que me cojan con vida. Así que, allané una tienda cercana y busque cualquier objeto cortante. Cuando un policía me arrincono intente atacarle. Me disparo a la cabeza. Caí sin vida en el acto. Casi pude ver como mi alma salía del cuerpo y el policía contemplaba mi cuerpo inerte.

Rhöd Deutsch. El Relato Surrealista.
Redactando desde el 17 de Agosto de 2012. 

martes, 10 de marzo de 2015

El Valle. XIV

He intentado, por un momento calmar mi mente. Y como siempre, estoy en mi alcoba. Pienso y evito no revivir todos aquellos sucesos en los que me vi envuelto en aquel valle. Mi vida no es nada feliz y es ardua monotonía, una soporífera rutina que me quita las ganas y el buen sabor de mi vida. Se podría decir que soy afortunado. Pero no me siento así. Han pasado varios años desde que volví y ya han sido seis los intentos de suicidio. Mi novio cada día vive mas amargado y su cara, su cara denota de todo menos amor. Siento que ya no le amo, y que le odio por no dejarme acabar con mi miserable vida. ¿Acaso el me sigue amando? No sabría responder con absoluta certeza. Pero yo siento que el ya no me ama, y no quiere dejarme tomar mis propias decisiones.
Cree que he perdido la cabeza. Tal vez sea cierto, mas el dice que paso las horas hablando solo y que la única que me visita es la muerte en sueños. La añoro, me acompaño mucho en mi camino por aquel valle. Sueño con su negra suavidad de seda y su frío abrazo. Miro por el ventanal, el que da al jardín trasero. Veo el hayedo, ya esta sin hojas y su corteza renegrida. Parece que se marchita al igual que mi negra alma. No dejo de darle vueltas y pienso en como quitarme la vida de nuevo. Tengo a mi lado a un viejo amigo, el viento, que es con quien mas largas conversaciones mantengo. Mi novio dice que no es real pero el que sabrá. El no sabe ni ver mas allá de sus narices mucho menos sabe lo que es una conversación de nivel ¿Por qué no te vas? ¿Por qué no te mueres? Pienso en mis adentros.


-Me asombro-, no se si serán pequeños lapsos de lucidez, pero me pregunto que separa el amor del odio. Y, por que todo objeto cortante esta bajo llave. No tengo acceso a barbitúricos ni a objeto alguno que pueda afligir daño mortal. Paso mis aburridas horas contando en alto mis penas marchitas, marchitas como las hojas de las rosaledas de la entrada que hace tiempo que ya nadie se cuida de ellas. Contemplo un péndulo de un viejo reloj y su hipnótico vaivén me entretiene cual párvulo. ¿Cuánto lleva ese reloj ahí? Ya no se ni como ha llegado ahí, es la cosa mas fea que he visto en mi vida. Será una de esas absurdas herencias. Esta casa a pertenecido a mi familia durante 130 años por lo menos. Hay objetos muy curiosos y hasta valiosos. Me levanto de la silla, es una silla simple, tallada en madera noble, bastante vieja con las betas vistas. El suelo por el que me muevo es de cedro y las molduras de los techos de roble. Las paredes están decoradas con papel pintado que ya empieza ha estar resquebrajado y se deja ver la madera de debajo. En la habitación hay un farol que se adapto para la novedosa luz eléctrica pues era del siglo XVII. Me dirigí hasta el reloj de pared. Rompí el cristal y arranque el péndulo. Intente seccionarme la yugular pero en aquel instante apareció mi novio. Le empuje y me puse sobre el. Con mis manos rodee su cuello y apreté con fuerza. El se revolvía, se retorcía, luchaba por su vida. En aquel momento me sentí superior y una sensación indescriptible me sobrecogió, que bien y que vivo me sentía. El dejo de retorcerse y quedo inerte. Que bien me sentía. Había acabo con la vida de otra persona, por fin le había matado. Un nuevo yo nació y no sentía otra cosa que el impulso de repetirlo una y otra vez.

Rhöd Deutsch. El Relato Surrealista.
Redactando desde el 17 de Agosto de 2012.

lunes, 2 de febrero de 2015

El Valle. XIII

Hermoso paisaje que detenido en el tiempo mi mente fotografía y graba. Con el amor de mi mano, y la muerte de lado, tejiendo su sombra con la nuestra, y siempre nuestra retaguardia vigilando. Hoy me he levantado más feliz que otros días. Siento de nuevo una llama de vida y la calida felicidad que dilata mis días y despeja mis horas de soledad. Nimbado recuerdo del pasado que con fulgor de mi ser nace y en mi boca, lanzado al aire muere. ¿Donde? No se sabe. El viento, se lo lleva lejos, a un lugar perdido del tiempo y custodiado por el olvido, pues, es donde las palabras lanzadas al aire van a parar, ya que, tras ser pronunciadas vuelan ágiles y ágiles mueren. El amor, renueva día a día al ser, y este, cada noche, tras el calor del acto de amor entre dos amantes, renace de las cenizas de la ardiente pasión que fulge como dos antorchas.

“Llevo largo tiempo pensando, no se cuanto ha pasado ya, pero revivo una y otra vez mi largo paseo por las negras arenas de la vida que me empujaron hasta aquella playa de muerte por doquier coronada. Recuerdo, y mi latir acelera, aquella larga y oscura caverna que mi prisión fue por… bueno, no se por cuanto exactamente. Duros recuerdos de piedra labrada en la cantera de mi mente. Larga y honda herida que nunca cicatrizara. La dicha siempre se ha portado caprichosa conmigo y siempre trampas para mi ha urdido. Vuelvo a estar bajo mi centenario amigo. Sus largas y gruesas ramas me sigue tendiendo y ante mi se inclina y me felicita los dorados días que junto a ti he pasado. Mudo testigo de nuestra unión y nuestro respeto. Y fiel guardián del dorado tesoro de nuestro amor. Acabo de despertar, vuelvo a estar bajo mi querido árbol y junto a mi amado. ¿Pero? Me he de preguntar una y otra vez si esto es real ¿He vuelto a mi vida? o ¿Es un turbio espejismo creado por mi atormentada mente para calmar mi espíritu? Hace escasos momentos me hallaba perdido, subiendo una colina sabe dios donde. Ahora, vuelvo a estar en mi jardín, bajo mi árbol que tantas buenas horas llenó. Y lo más importante, mi amado, aquel que durante meses, años, o siglos, creí haber perdido, y creía muerto, esta dormido. Con esa fina y blanca tez que acompaña a una contenida expresión de felicidad. Acaricie esos bucles castaños que se arremolinaban sobre sus sueños.

Me pellizque, me mordí, corrí a mi alcoba y con unas tijeras me hice un pequeño corte en el brazo. Broto al poco la rojez y sentí un intenso dolor. Me dolió, pero no desperté en ningún otro lugar. No daba crédito. Todo había acabado y podía volver a mi aburrida vida de dulce letanía del día a día y perecer junto a mi amor.”

Era un nuevo día. Abrí los ojos. Mire y vi a mi amado ahorcado. En aquel momento me quede sin respiración. Mis ganas de vivir desaparecieron y grite a la muerte para que me llevara junto a el. Me quede allí, inmóvil durante horas. El sol bajo y el ocaso se pronunciaba. Cogí su cuerpo inerte y lo baje. Las lágrimas brotaron y cual lluvia iban cayendo sobre el rostro de mi amado. Me dirigí al jardín trasero y a un par de pasos del hayedo empecé a cavar su sepelio. Lo mas hondo posible. Al cabo de las horas termine el trabajo y me dirigí a mi alcoba para coger el cuerpo de mi amado que yacía yerto, a los pies de nuestro lecho. Lo cogí. Pesaba bastante, pero a pesar de la inmensa debilidad que me invadía lo lleve hasta el jardín y lo puse en la tumba que le hice. Palada tras palada enterré su cuerpo junto nuestro hayedo con la esperanza de que su alma permaneciera allí. Tras terminar me tumbe sobre su tumba y al tiempo de abandone. No quería comer, ni beber ni vivir. Me volvía a sentir igual que cuando andaba por aquel valle. Perdido, triste y solo. Pasaron los días y allí seguía tirado. Tenía la piel pálida. Los ojos hundidos y estaba famélico. No tenia fuerza alguna para levantarme de allí. Me entregué a la más profunda oscuridad y depresión y mi muerte espere. Espere a morir allí mismo. Sobre el sepelio de mi amado con la esperanza de unirnos de nuevo. Pasaron un par de días más. Me delia todo el cuerpo y cada vez me costaba mas respirar. Se que ya no duraría mucho. Cerré y los y… y…

Estas son las ultimas palabras que sobre la mesa de mi alcoba deje y que escritas en sangre al viento en alto pronuncie…

“Ha llegado la hora. Ha llegado la hora de decir adiós a la vida. Decir adiós a la felicidad. Decir adiós a todo lo que la vida me pueda deparar. Ha llegado la hora de renunciar a la vida. La hora de abandonar este cuerpo que me tiene preso. La hora de decir adiós a ese amor que tan lejos vive. Decir adiós al futuro. Ha llegado la hora de ver la realidad tal y como es. Es inútil luchar por un futuro incierto. Inútil vivir para tener que aguantar las idas y venidas de una vida caprichosa que nunca me ha dado cariño. Un destino frío, egoísta, distante y ausente. Ese destino que quieres borrar de la memoria. No pasa un solo momento en el que no piense en que se muera. Deseo que muera. Quiero que muera cuanto antes. Quiero ser feliz y libre. Quiero que la idea de suicidarme desaparezca por completo. Que esa idea que me quita el sueño y me impide respirar feliz. Odio vivir así. Cada minuto que pasa veo mas clara la idea de quitar mi vida. No merece la pena vivir así. Es el recuerdo de las palizas que recibí de un dios alcoholizado por la vida. Incapaz de estar a gusto consigo mismo y tan acomplejado y amargado que solo lo que yace en el fondo de una copa apague esa voz interna que dice – eres un fracasado, el ser mas inútil, una escoria, tu vida es un fracaso –

¿Donde esta? Se que en alguna parte de esta habitación hay un bisturí. Se que lo hay. Quiero cogerlo. Empuñarlo y seccionar mi yugular. Quiero morir en segundos. Sin sufrimiento. Quiero morir y punto. Quero que sea rápido e indoloro. Que la sangre salga rápida y salpique todo. Paredes en sangre coronadas y en sangre teñidas. Que como sangrientas palabras a los ojos que las observan griten y canten mi muerte. Que se fundan en el llanto del que contemple mi cuerpo yacido en el lecho de mis sueños. Lecho de sangre y lecho de penas en rojo teñidas. Que mis ojos permanezcan abiertos e impasivos a la vida que me perderé. Que de mis ojos broten. Justo en los últimos segundos tras mi muerte, las lagrimas de mi alma herida por el tiempo, la soledad y esta cárcel que es la vida. Que sean lágrimas negras, llenas de odio. Lagrimas de la muerte que prematura me lleva y por voluntad propia a ella me uno. Quiero abrazar fielmente a esta extraña amiga que tantos seres me ha quitado. Quiero pedirla que me lleve con ella por siempre. Quiero pedirla que me bese y me hipnotice… Pues finalmente, cogí el bisturí y me corte el cuello. La sangre broto… caí sobre aquel lecho de penas. Vi, por un momento, las llamas del fuego eterno alas que me uní. Pero… fue solo un espejismo, fruto de la falta de sangre al cerebro. Pues mis funciones corporales fueron fallando y tras unos segundos exhale y a la gran parca me consagre.”

Rhöd Deutsch. Escritos Lovecraftianos.
El Relato Surrealista.

martes, 6 de enero de 2015

El Valle. XII

He de continuar mi camino. Ahora lo hago con más esperanza. Si, es posible, que mi amado, me aguarde en lo alto de aquellas colinas que, en la altura funden su verde con la grisácea nube que en sus brazos retiene la montaña caprichosa. He de aguardar pues, me llena de una extraña y calida felicidad que en cierta manera me es familiar, el saber que pronto volveré junto a el. Creo recordar como nos conocimos… mas si nunca lo conté ahora podría narrarlo, mientras inicio el ascenso por esta colina.
Fue una época gris de mi vida, como las ya acaecidas años atrás. Pero esta era diferente. Después de varios desamores, de esos tan amargos que dejan tu espíritu y tu alma hecha añicos. Durante años y en secreto estuve con toda clase de hombres, he de decir que todos un tanto inapropiados. De una relación a otra y saltando de cama en cama. Era algo tan vacío. No conectaba con nadie, así que tras el ultimo y amargo beso que me regalo un chico de un pueblo cercana con las dulces palabras de, “no quiero volver a verte” volví a mi casa, a mi refugio a meditar baja mi querido árbol las horas muertas de mi vida. – Si, me gusta decir horas muertas de mi vida, es algo muy mío –. Lo que paso fue lo siguiente. Tras unos días de lógica depresión, salí al mundo y recupere mi rutina y monotonía. La cuestión es, que de alguna forma el destino quiso que se cruzara en mi vida un ángel pues, desde el momento en el que nuestras miradas se cruzaron nunca mas las apartamos. Fue un regalo caído del cielo. Desde que empezamos ha hablar durante horas y horas, mi soledad desapareció, mis penas, todo. Solo el calido manto de la dicha nos envolvió. El era como yo, y por eso conectábamos tan bien, era como si, estuviéramos hechos desde un principio el uno a la medida del otro. Era sublime…
¡Eh! ¿Qué pasa? Me detengo aquí, llego a una especie de meseta en mitad de la altanera soledad que me envuelve y ante mi, como si nada, un hermoso templo clásico desvencijado por los siglos se postra ante mi. Intente rodearle, por como no, lo único que me permitía seguir adelante era entrar a su interior.
Me dispuse a subir hacia el templo. Cuando llegué a la portada no puede evitar soltar una contenida expresión de asombro. Atravesé la puerta, todo estaba sumido en una especia de úmbra infinita, mas, cuando di dos pasos al frente, todas las teas se prendieron al unísono. Es como si los dioses de aquel lugar notaran mi presencia y me invitaran a entrar. El lugar era hostil, no había decoración, ni detalles relevantes que comentar. Seguí andando, creo que pasaron varios minutos. Legue hasta la mitad del templo aproximadamente. Había un pedestal de mármol blanco. Con tallas en la base y por todo su cuerpo. Llevaba una exquisita decoración. Eran escenas de las panateneas. Y lo recorrían casi por completo, desde la base hasta casi terminar arriba…

De la nada dulce figura de diosa se torna y aparece entre dulces tañidos de fragancias florales. Y dulce al odio me susurra meliflua las palabras de mi sino. En ritmo lento y pausado me dice, que me camino continúe, que de Pandora mi esperanza no pierda y que Eros, en lo mas alto me espera. Para recibirme, siempre calido en sus brazos y ser, el perfecto amante que de mis recuerdos dorados siempre fiel se mantuvo. Horas muertas y castigadas de mi vida aun corazón roto que palpita por la soledad de los valles y colinas que aguardan, con cautela los siglos del mundo que presto corren y de mi las horas huyen y a la negra parca me lanzan.

Rhöd Deutsch. Escritos Lovecraftianos.
El Relato Surrealista.